PARTE 2
El sonido del micrófono chilló por toda la carpa.
Los invitados dejaron de sonreír. Julián abrió los ojos, confundido, como si Mariana hubiera roto una regla invisible que todos conocían menos ella.
—Mariana, baja el micrófono —susurró él, apretándole la muñeca—. Estás nerviosa.
Ella le quitó la mano de encima.
—No estoy nerviosa. Estoy despierta.
Un murmullo recorrió la carpa.
Doña Rebeca se levantó de la primera fila con su vestido plateado, impecable, brillante como una cuchilla.
—Esto es una falta de respeto —dijo—. Mariana, por favor, no hagas una escena.
Mariana sonrió sin alegría.
—¿Una escena? Qué curioso. Porque hace unos minutos escuché que mi familia era demasiado vergonzosa para aparecer en sus fotos.
Varios invitados voltearon hacia el fondo. Allí estaban Ernesto y Teresa, rígidos, humillados, como si de pronto todos los reflectores les quemaran la piel.
—Esos dos —continuó Mariana— son mis padres. Debían estar en la mesa principal. Pero alguien decidió esconderlos junto a la cocina porque mi papá “parece chofer” y mi mamá “parece señora del mercado”.
La frase cayó como un plato roto.
Rebeca endureció la mandíbula.
—Eso es mentira. Tus padres pidieron estar atrás porque se sentían incómodos. Yo solo intenté ayudarlos.
Teresa se puso de pie, temblando.
—Yo no pedí nada —dijo con voz quebrada—. Me dijeron que la mesa se había cambiado.
Mariana miró a la coordinadora, una mujer llamada Lucía que abrazaba una carpeta como si fuera un salvavidas.
—Lucía, trae el plano de mesas.
—No puedo… señora Rebeca…
—Tráelo.
La coordinadora se acercó despacio. Mariana tomó la carpeta y encontró la hoja con anotaciones en tinta roja.
Leyó en voz alta:
—“Mover a Ernesto y Teresa al área de servicio. Evitar que aparezcan cerca de invitados importantes. No encajan con la estética del evento.”
La carpa quedó en silencio.
El padre de Julián, don Álvaro Larios, se puso de pie lentamente. Era un empresario serio, de esos hombres que rara vez levantaban la voz porque estaban acostumbrados a que el mundo obedeciera.
—Rebeca… ¿qué es esto?
La suegra intentó sonreír.
—Álvaro, por favor, es una exageración. Solo cuidaba la imagen familiar.
—¿Y el dinero? —preguntó Mariana.
Todos volvieron a mirarla.
Ella levantó el recibo bancario.
—Mi padre transfirió $820,000 pesos a la cuenta de Rebeca para pagar este lugar, las flores y el banquete. Ella le hizo creer que si no aportaba, yo quedaría como una carga. Pero ante todos ustedes dijo que ella estaba pagando la boda completa. Bodas
Don Ernesto bajó la cabeza. Teresa comenzó a llorar.
Álvaro miró a su esposa con asco contenido.
—Dime que no aceptaste ese dinero.
Rebeca perdió el color del rostro.
—Fue un acuerdo privado. Ernesto quiso ayudar.
—Mi padre no quiso ayudar —dijo Mariana—. Mi padre fue manipulado.
Julián se acercó a ella.
—Mariana, podemos hablar afuera. Te juro que yo iba a arreglarlo después.
Ella lo miró como si lo viera por primera vez.
—¿Después de qué? ¿Después de que nos casáramos? ¿Después de que mis padres aparecieran en las fotos como si fueran parte del personal?
Él tragó saliva.
—Yo no quería pelear con mi mamá hoy.
Mariana soltó una risa breve, amarga.
—Entonces preferiste que humillaran a los míos.
Julián se quedó callado.
Y ese silencio fue peor que cualquier confesión.
Rebeca, desesperada, señaló a Mariana.
—¡Ella quiere destruir a mi hijo! ¡Siempre se sintió inferior y ahora está inventando esto para vengarse! Genética
Entonces, desde el fondo de la carpa, una voz masculina dijo:
—No está inventando nada.
Todos voltearon.
Era Martín, el videógrafo de la boda, con una cámara todavía encendida sobre el hombro.
—Los micrófonos ambientales estaban grabando desde hace media hora —dijo—. Tengo la conversación de la señora Rebeca y el novio.
Mariana sintió que el aire cambiaba.
Rebeca gritó:
—¡Apaga esa cámara!
Pero ya era demasiado tarde.
Martín levantó la pantalla de la cámara, y la voz de Julián salió clara frente a todos:
—Solo muévelos antes de que Mariana se dé cuenta. Ella no va a hacer una escena hoy.
Mariana cerró los ojos.
Cuando los abrió, ya no había dolor en ellos.
Solo decisión.