Por otro lado, desde un punto de vista científico, el contacto con un cuerpo en descomposición también puede provocar reacciones fisiológicas en la persona viva. El olor, la rigidez y la frialdad del cuerpo pueden generar un impacto psicológico fuerte. No es raro que, después de besar o tocar a un difunto, alguien experimente ansiedad, insomnio o una sensación persistente de incomodidad. Es parte del choque emocional que implica enfrentarse de manera tan directa con la muerte.
En situaciones donde el fallecimiento fue reciente y la persona siente un deseo profundo de dar ese último beso, lo recomendable es hacerlo con precaución. Puede colocarse un paño limpio sobre el rostro o besar una parte del cuerpo que no tenga exposición directa a fluidos, como la frente o el cabello. Es una forma más segura de expresar cariño sin exponerse a posibles riesgos.
Además, hay que considerar las recomendaciones sanitarias en contextos específicos. Durante epidemias o brotes de enfermedades infecciosas —como ocurrió con el COVID-19—, las autoridades prohibieron el contacto directo con los fallecidos precisamente para evitar contagios. En esos casos, las despedidas deben adaptarse, buscando alternativas simbólicas: una carta, una flor, una oración o incluso un gesto frente al ataúd cerrado.
En definitiva, besar a una persona fallecida no es algo que deba juzgarse a la ligera. Es un acto profundamente humano, cargado de emociones, que surge del amor y la necesidad de despedirse. Pero también es un acto que requiere información, prudencia y respeto por el propio cuerpo y la salud. Lo que puede parecer un simple beso puede tener consecuencias físicas o psicológicas que quizá no imaginamos en el momento.
El duelo es un proceso complicado y cada persona lo vive a su manera. No hay una forma correcta o incorrecta de decir adiós. Pero si algo podemos aprender de este tema es que el amor no necesita del contacto físico para manifestarse. A veces, el mejor beso de despedida es aquel que se da con el alma, en silencio, con la mirada o con una oración sincera.
Y si estás atravesando una pérdida, recuerda que buscar apoyo emocional o espiritual es fundamental. No tienes que enfrentar el dolor solo. Lo importante es despedirse desde el amor, sin poner en riesgo tu bienestar ni tu salud.