Cebolletas y cebollino: esta apreciada verdura que quizás estés comiendo sin lavarla correctamente.

La añadimos con confianza a nuestras ensaladas, sopas o tortillas dominicales. Las cebolletas son un básico en nuestras cocinas. Crujientes, frescas y llenas de sabor… y, sin embargo, esta humilde hortaliza podría esconder algunas sorpresas si no le prestamos la atención que merece. No te preocupes: con unos sencillos pasos puedes cambiarlo todo.
Por qué las cebolletas merecen una atención especial
Todo comienza en la tierra. Las cebolletas crecen parcialmente enterradas, en contacto directo con el suelo, el agua de riego y, a veces, con los fertilizantes naturales utilizados en la agricultura. Esta proximidad al suelo las hace más susceptibles que otras hortalizas a microorganismos indeseables, como ciertas bacterias o parásitos.

¿El verdadero problema? A menudo se consume cruda. A diferencia de las sopas a fuego lento o las verduras asadas, el calor no la limpia. Por lo tanto, si las cebolletas no se lavan bien antes de servirlas, cualquier patógeno que puedan contener permanece intacto.

Las personas más vulnerables —niños pequeños, mujeres embarazadas, ancianos o personas con sistemas inmunitarios debilitados— son, naturalmente, más susceptibles. Pero para la mayoría, un buen lavado es más que suficiente para disfrutar de esta verdura con total tranquilidad.