"La chica más guapa del colegio me invitó al baile de graduación mientras todos los demás se burlaban de mi peso. Veinte años después, no me reconoció, y aproveché ese momento para hacer algo que no esperaba. En 2005, mis padres murieron en un accidente de coche. Fui el único superviviente.

Esperaban que volviera a casa destrozada.
Esa era la verdadera razón por la que la familia Montgomery me invitó a la boda de mi exmarido.

Los Montgomery eran la realeza de la vieja aristocracia de Chicago: ricos, temidos, obsesionados con su imagen y convencidos de que cualquiera que no perteneciera a su linaje era inferior a ellos. Especialmente yo.

Esta invitación no fue un acto de bondad.

Era un cebo.

Querían que me quedara callada en la parte de atrás mientras Ethan Montgomery, mi exmarido, se casaba con una mujer más joven de una familia más "respetable". Querían verme sufrir mientras la alta sociedad de Illinois murmuraba sobre lo fácil que me habían reemplazado.

Y Eleanor Montgomery, la madre fría y calculadora de Ethan, se aseguró de que cada detalle de mi humillación estuviera planeado.

Incluido mi asiento.

Tabla 27.

Junto a las puertas de la cocina de su inmensa finca a orillas del lago Lemán.

Lo suficientemente cerca como para oír al personal dando órdenes.

Lo suficientemente lejos como para recordarme que ya no era bienvenido.

Pero Eleanor cometió un terrible error.

Ella no tenía ni idea de que yo no iba a venir sola.

La invitación olía a perfume caro y papel importado. Me quedé de pie junto a los ventanales de mi ático, que iban del suelo al techo, con vistas al centro de Chicago, haciendo girar el sobre entre mis dedos.

Unas letras doradas anunciaban el matrimonio de Ethan Montgomery y Caroline Hastings, hija de un influyente senador estadounidense.

Solté una risa pequeña y amarga.