Las uñas frágiles se rompen por una razón que casi nadie mira

Las uñas que se parten, se doblan o se descaman no aparecen “porque sí”. Cuando tu mano ya no aguanta ni un poco de largo, cuando el esmalte se ve bonito y a la primera lavada se levanta como costra vieja, el problema suele estar mucho más adentro: queratina debilitada, resequedad brutal y hábitos diarios que van desarmando la uña capa por capa.

Y eso pega más fuerte de lo que parece. Te arreglas, sales con las manos decentes, y de pronto una punta se engancha en la bolsa del súper, otra se abre al teclear, otra se quiebra al abrocharte la blusa. A media tarde ya traes esa sensación de “otra vez no”, como si tus manos estuvieran peleadas contigo.

Lo que la industria de los cosméticos casi nunca grita es esto: la uña no se salva con una capa bonita arriba si por debajo sigue seca, castigada y sin materia prima. Tu cuerpo ya trae el plano para reconstruirse; nomás le han quitado el combustible.
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