La pantalla del historial de la alarma tardó apenas dos segundos en cargar.
Pero esos dos segundos dividieron mi vida en un antes y un después.
15:42. Sistema desactivado.
Código correcto.
No había señales de fuerza.
No existía ningún intento fallido.
Alguien había introducido el código correcto desde el interior.
El detective Grant observó mi teléfono.
—¿Qué pasa?
Giré la pantalla hacia él.
—No fue un robo.
Frunció el ceño.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque los ladrones no conocen el código de mi alarma.
Amplié el registro.
Solo cuatro personas tenían acceso.
Yo.
Harper.
Violet.
Y una cuarta cuenta creada un año antes para emergencias.
La niñera.
Emily Rhodes.
—¿Dónde está Emily? —pregunté.
Harper levantó la cabeza de inmediato.