Cinco días después de mi cirugía de columna, mi esposo trajo a doce familiares a casa y me dijo que los atendiera durante dos semanas. Cuando sugerí posponer la visita, él dijo: «Nadie tiene que esperar solo por ti». Pero en cuanto llegaron…
Cuando Mauricio Alcántara entró en la recámara, encontró a su esposa intentando levantarse sin doblar la espalda. Renata apretaba los labios para no gemir. Apenas habían pasado 5 días desde que le practicaron una cirugía en la columna, y todavía llevaba un rígido corsé ortopédico alrededor de la cintura.
Mauricio se quedó junto a la puerta, mirando su teléfono.
—El sábado llega mi familia —anunció—lksr. Seremos 12 personas y se quedarán aquí durante 2 semanas. Deja todo preparado.
Renata soltó una risa breve. Creyó que era una broma de mal gusto.
Pero Mauricio no sonreía.
—¿Hablas en serio?