En el funeral de su hija, la amante de su yerno apareció usando la pulsera de la difunta y le susurró: “Yo gané”. Ella abrazó a su nieta de cuatro años y guardó silencio… hasta que el abogado abrió el testamento y reveló la última prueba que su hija había dejado.

PARTE 2

“Mamá, si estás viendo esto, es porque Arturo ya hizo lo que llevaba meses planeando.”

La voz de Mariana temblaba, pero sus ojos no. Estaba sentada en su oficina, con el cabello recogido y una carpeta azul sobre las piernas.

“Revisan mi celular, mis correos, mi bolsa y hasta mis medicinas. Por eso grabé esto desde una computadora vieja que Arturo cree descompuesta.”

Arturo intentó apagar la pantalla, pero el licenciado Ernesto se interpuso.

“Ni se le ocurra.”

Mariana levantó la carpeta.

“Aquí están los préstamos falsos hechos a nombre de la agencia, las transferencias a cuentas de Renata, los cambios en mi seguro de vida y los mensajes donde hablan de declararme incapaz para quitarme a Sofía.”

Renata se llevó una mano al cuello. Anatomía

El abogado puso una carpeta idéntica sobre la mesa.

“La Fiscalía recibió copia el mismo día que Mariana grabó esto.”

La pantalla cambió. Ahora se veía una grabación nocturna del pasillo principal de la casa. La imagen era granulada, pero clara.

Arturo aparecía forzando la cerradura del despacho de Mariana. Detrás de él estaba Renata, descalza, con la pulsera dorada brillando en la muñeca.

“Mientras siga viva, no podremos tocar la empresa”, se escuchó decir a Renata.

“Entonces tiene que parecer un accidente”, respondió Arturo.

Un murmullo de horror atravesó la sala.

Renata se arrancó la pulsera y la aventó sobre la mesa.

“¡Yo no la empujé! ¡Yo solo estaba ahí!”

Arturo giró hacia ella con la cara deformada.

“¡Cállate!”

Sofía despertó sobresaltada y empezó a llorar.

“Abuela, ¿por qué papá grita otra vez?”

Sentí que el corazón se me partía.

Antes de que pudiera contestarle, tocaron la puerta con golpes firmes.

Tres agentes de la Fiscalía de Jalisco entraron con una orden de cateo. Detrás venía una fiscal de rostro serio.

“Venimos a asegurar teléfonos, computadoras, documentos y cualquier evidencia relacionada con la muerte de Mariana Robles.”

Arturo quiso protestar, pero los agentes ya estaban dentro.

Yo llevé a Sofía al jardín. La vecina, doña Carmen, salió al vernos. Había sido amiga de Mariana desde que llegó a esa casa.

“Déjemela, Elena. Que la niña no vea esto.”

Le di un beso a mi nieta en la frente. Familia

“Tu mamá te amaba más que a su propia vida”, le dije. “Nada de esto es tu culpa.”

Cuando regresé, la fiscal sostenía el celular desbloqueado de Renata.

“Recuperamos mensajes borrados y una nota de voz enviada después de la llamada al 911.”

Renata se derrumbó en el sillón.

“No debía morirse así”, sollozó. “Arturo solo quería quitarle la USB.”

La sala se congeló.

Renata confesó que Mariana los había enfrentado esa noche en la escalera. Tenía una memoria negra en la mano y les dijo que al amanecer iría a la Fiscalía. Arturo la sujetó por los brazos. Ella intentó soltarse. Él la empujó.

“Después no llamó a la ambulancia”, dijo Renata, temblando. “Buscó la memoria en sus bolsillos. Yo limpié la sangre de la pared.”

La fiscal preguntó dónde estaba la memoria original.

Renata señaló hacia el recibidor.

“Detrás del cuadro de la Virgen.”

Yo sentí un golpe en el pecho. Ese cuadro se lo había regalado yo a Mariana el día de su boda.

Un agente lo levantó y encontró una memoria pegada con cinta.

Arturo cayó sentado, sin aire. Luego empezó a gritar:

“¡Está muerta! ¡Una muerta no puede ganarme! ¡Todo me pertenece!”

Los agentes lo esposaron.

Renata también fue detenida. Antes de salir, intentó mirarme.

“Perdón.”

Yo no le respondí.

Cuando las patrullas se fueron, el licenciado Ernesto me entregó otro sobre.

“Mariana pidió que se lo diera solo después de que ellos fueran arrestados.” Diccionariosy enciclopedias

Dentro había una llave plateada, una foto de Sofía recién nacida y una última carta.

La llave abría una caja fuerte en la recámara principal.

Y lo que encontramos ahí reveló que Arturo no había planeado todo solo.