Esa niña, señora Delmas… era usted.

PARTE 2

Clara no se cayó.

Se arrepintió de no haberlo hecho.

Caerse habría sido fácil. Su cuerpo habría decidido por ella. Pero seguía allí, en aquel pasillo demasiado blanco, con el vientre de siete meses de embarazo, los historiales médicos arrugados y el hombre que se hacía llamar su padrastro de pie frente a ella.

Padrastro.

Esta palabra se ha vuelto obscena.

Henri Delmas era su padre.

Su verdadero padre.

El que la llevaba a la sala de maternidad cada mes, sonriendo a las enfermeras, el que le hablaba a su bebé a través de su vientre, el que le ponía la mano en el hombro delante de toda la familia y decía: "Klara es una bendición para nuestro hogar".

Una bendición.

O evidencia.

—¿Lo sabe Antoine? —preguntó ella.

Henri levantó la vista.

Demasiado lento.

Clara lo entendió antes de que él hablara.

"¿Desde cuándo?"

Tomó aire y luego respondió con una voz casi inaudible.

"Desde el comienzo del embarazo."

El mundo se ha derrumbado de nuevo.

No exactamente.

Aún quedaba una capa de dolor oculta bajo el dolor mismo.

Clara sacó su teléfono. Le temblaban los dedos. Llamó a Antoine. Un timbrazo. Dos. Tres. Finalmente, contestó.

¿Klara? Estoy en una reunión.

No reconoció su propia voz.

“Acabo de descubrir que tu padre es mi padre.”

Silencio.

Corto.

Hielo.

Entonces Antoine suspiró:

"¿Estás en el hospital?"

No "¿qué?"

No es "es imposible".

No "¿quién te dijo eso?"

Eso es todo.

Clara cerró los ojos.

"Lo sabías."

No contestó.

Ella colgó.

Henry le hizo un gesto.

"Antoine no hizo nada."

Clara soltó una carcajada.

Una risa seca y entrecortada. Terrible.

"¿No hizo nada? Se casó conmigo. Me dejó gestar a su hijo. Me veía sentada en vuestra mesa todos los domingos, mientras vosotros sabíais quién era yo."

Margarita palideció aún más.

“¿La dejaste casarse con su hermano?”

Henri negó con la cabeza violentamente.

"No. Antoine no es mi hijo biológico."

Clara se quedó paralizada.

Otra mentira.

Otra puerta.

Henri se frotó la cara con la mano.

"Antoine es hijo de mi esposa Béatrice. Ella lo dio a luz antes de que nos casáramos. Se lo confesé para salvar su nombre. Y el mío también. Los Delma nunca toleraron el escándalo."

Clara retrocedió hasta la pared.

"Así que sabías que yo no era su hermana. ¿Y eso te bastaba?"

Henri no respondió.

Pero Margarita lo entendió antes que Clara.

Su mirada se endureció.

“No se trataba solo de amor, ¿verdad?”

Henry bajó la cabeza.

Klara dirigió lentamente su mirada hacia la anciana.

“¿Qué quiere decir?”

Marguerite miró a Henri como se miraría a un hombre que ya ha sido condenado.

"Las grandes familias nunca ocultan a sus hijos por accidente. Siempre hay una herencia detrás."

Esta frase abrió un verdadero abismo.

Henri Delmas poseía viñedos cerca de Saumur, una casa familiar en Pornic, participaciones en varias empresas inmobiliarias y un apellido de gran prestigio en el oeste de Francia. Pero Antoine no era su hijo biológico. Clara sí lo era.