La chica más popular de la escuela le pidió a mi hijo maltratado que bailara en el baile de graduación; resultó ser una broma cruel, pero lo que hizo después me dejó temblando las rodillas.

Pero las amigas de Brielle estaban riéndose cerca de la mesa de bebidas, tapándose la boca y esperando algo.

La canción estaba por terminar.

Brielle dio un paso atrás.

Entonces echó la cabeza hacia atrás y se rió.

Fuerte.

Exageradamente.

Cruelmente.

La sonrisa de Mason desapareció.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó.

—Dios mío —jadeó Brielle sujetándose el estómago—. ¿De verdad pensaste que quería bailar contigo?

El gimnasio estalló en risitas.

Un chico gritó desde las gradas.

Brielle levantó la voz para que todos la escucharan.

—Perdí una apuesta. Bailar contigo era mi castigo.

Algunos estudiantes se rieron aún más.

Los teléfonos siguieron grabando.

Mason permaneció de pie en medio de la pista con los ojos brillando por las lágrimas que se negaba a dejar caer.

Me abrí paso entre la multitud.

—Mason —le dije alcanzándolo—. Cariño, mírame.

Él se volvió hacia mí.

—Mamá.

—Nos vamos.

—No.

La palabra salió suave, pero firme.

Me quedé inmóvil.

Se limpió el rostro con el dorso de la mano.

—Estoy bien. Solo necesito cinco minutos.

—Mason...

—Lo prometo.

Había algo en su rostro que me detuvo.

No parecía derrotado.

Parecía concentrado.

Asentí lentamente.

—Cinco minutos.

Se dio la vuelta y se alejó.

Detrás de mí, Brielle ya chocaba las manos con sus amigas.

—¿Vieron su cara? —chilló—. Me muero de la risa.

Cada instinto en mí quería enfrentarla.

Pero entonces vi hacia dónde iba Mason.

Hacia la cabina del DJ.

En su mano llevaba una pequeña memoria USB negra.

Contuve la respiración.

La música se cortó.

El gimnasio quedó sumido en un extraño silencio.

Todas las miradas se dirigieron al escenario.

Mason estaba allí con un micrófono en una mano, los hombros rectos y el rostro tranquilo.

Detrás de él, la pantalla del proyector se encendió.

—Disculpen, todos —dijo—. Esto solo tomará unos minutos.

La sonrisa de Brielle desapareció.

—¿Qué está haciendo?