PARTE 1
"Si de verdad estás de parto, pide un Uber. Estamos muy ocupados."
La frase cayó sobre la mesa como un plato roto.
Mariana Salazar estaba en el comedor de sus padres, con el vestido húmedo pegado a las piernas, una mano bajo su enorme vientre y la otra agarrada al respaldo de una silla para no agacharse de dolor. Tenía 32 años, 37 semanas de embarazo y sintió una contracción como si alguien le estuviera tirando de los huesos desde dentro. Astronomía
El comedor olía a carne asada, vino tinto caro y cera de limón; el mismo aroma de todas las reuniones familiares en su casa del barrio Del Valle. Cumpleaños, Navidad, aniversarios de boda , almuerzos dominicales. En todas ellas había aprendido la misma regla: siempre había sitio para Lorena, su hermana menor. Para Mariana, solo había sitio cuando no estorbaba.
Aquella noche no fue una cena cualquiera. Sus padres, Carmen y Ramiro, habían concertado una reunión para hablar del matrimonio de Lorena con Sebastián, un joven abogado culto de una familia adinerada. Carmen sacó la vajilla fina. Ramiro abrió una botella y se jactó de ella tres veces antes de servir.