PARTE 2 A la mañana siguiente, Valeria bajó con un paliacate negro cubriéndole la cabeza….

PARTE 2
A la mañana siguiente, Valeria bajó con un paliacate negro cubriéndole la cabeza. Se puso ropa sencilla y caminó despacio, como si de verdad estuviera derrotada. Doña Carmen desayunaba pan dulce con café, sentada en la mesa como dueña de una casa que jamás había pagado. —¿Ya mandaste tu renuncia? —preguntó sin mirarla. —Sí —mintió Valeria—. Ya no vuelvo a la oficina. La suegra sonrió. —Entonces ve al mercado. Compra carne buena, fruta, queso, tortillas recién hechas y mis vitaminas. Usa la tarjeta que me diste. —Claro, doña Carmen. Usted tiene el NIP. La mujer salió arreglada, con bolsa fina y lentes oscuros. Media hora después, el celular de Valeria empezó a vibrar: pago rechazado, pago rechazado, pago rechazado. Imaginó a doña Carmen frente al carnicero, con toda la gente mirando cómo su tarjeta “de señora importante” no servía ni para pagar un kilo de bistec. Luego empezó Raúl. Primero llamó una vez. Después 5. Después 12.