Acabas de llegar al hotel tras horas de viaje en coche o un vuelo agotador. La habitación tiene buena pinta, la cama parece cómoda… y te entran unas ganas irresistibles de dejarlo todo. Sin embargo, antes de deshacer la maleta y acomodarte del todo, unos minutos de inspección pueden transformar una estancia estresante en una escapada de lo más relajante. Cada vez más viajeras adoptan estos tres sencillos pasos. Y, sinceramente, es fácil entender por qué.
1. Observa atentamente los espejos de la habitación.
Nos miramos en el espejo del baño o del dormitorio para peinarnos, pero rara vez nos detenemos a examinarlo con más detenimiento. Sin embargo, un espejo mal fijado, colocado en un lugar inusual o con huecos visibles alrededor del marco merece una atención especial.
Algunos internautas suelen compartir la famosa «prueba de la uña» para detectar espejos sospechosos, pero los expertos lo tienen claro: este método no es fiable. Si algo le parece realmente extraño, lo correcto es sencillo: contacte directamente con recepción y pida que le cambien de habitación. Su tranquilidad no tiene precio.
Aspectos a tener en cuenta: un espejo que se mueva ligeramente, un marco con huecos o una instalación que desentone con el resto de la decoración.
2. Identifique cualquier dispositivo electrónico que parezca estar fuera de lugar.
¡No hay necesidad de alarmarse! Pero echar un vistazo rápido a la habitación al llegar es una buena costumbre para cualquier viajero precavido. Los hoteles de buena reputación obviamente no tienen nada que ocultar, y la ley protege a los huéspedes en muchos países.